Problemas de Memoria: El poder del teatro para la memoria.

El arte supera todas las barreras, incluso las de la enfermedad. El Alzheimer, Parkinson, demencia senil, o cualquier otro problema de la memoria, no son dignos rivales para la escenificación. El teatro es una luz al final del túnel del olvido.

 Así lo demostraron siete hombres de la Unidad de Memoria de Alzheimer León (España), cuando se aprendieron un guión completo, y  realizaron una actuación espléndida de la obra “Laberinto”. Lo curioso es que estos individuos no olvidaron en ningún momento sus diálogos. Su cabeza no estaba alborotada mientras representaban sus papeles.

“Realizar dinámicas teatrales arroja beneficios tanto a nivel individual como en el ámbito grupal y social. Quienes participan disfrutan desarrollando la creatividad, la expresión, la emoción… Aprenden a mantener un compromiso con ellos mismos y con el grupo del que forman parte, al tiempo que aprenden lo que pueden transmitir con el gesto, la voz, la mirada”, explican los especialistas del centro, sobre el motivo por el cual han implementado esta dinámica para sus pacientes.

Por otro lado, aseguran que el teatro permite que se sientan útiles, parte de algo, recordados por la sociedad. En muchas ocasiones, los ancianos o personas con dificultades para rememorar, son apartados debido a su incapacidad, esta actividad fortalece su seguridad y los motiva a no dejarse vencer por la difícil situación.

Varias investigaciones avalan al teatro como un reforzador de la memoria. Una de ellas fue desarrollada por Helga y Tony Noice, del Elmhurst Collage (EE.UU.). En su experimento observaron a 122 adultos mayores mientras acudían a ocho sesiones teatrales. Al culminar el periodo de evaluación, notaron que los pacientes habían mejorado sus habilidades cognitivo – afectivas, las mismas que se deterioran ante el ataque de una enfermedad neurodegenerativa.

El habla, la capacidad de escoger rápidamente palabras durante un diálogo, y la evocación de recuerdos, se habían reforzado de manera impresionante. La mnemotecnia, entre otras estrategias practicadas durante los ensayos, habían sido imprescindibles para alcanzar este objetivo.

Ejercer la interpretación implica respirar, coordinarse, conocerse, y por supuesto, memorizar. Cuando se improvisa, algo bastante común en la teatralización, es esencial poner en práctica la agilidad mental y creatividad. “Es fácil intuir que practicando estas habilidades nuestro cerebro estará realizando un trabajo fenomenal”, comenta Antoni Martínez Monzó, psicoterapeuta español y redactor de la web especializada “Infosalud”.

Vencer el miedo a actuar en público es un pequeño pago ante todos los beneficios obtenidos por representar una obra teatral. El arte no tiene límites, y la memoria tampoco. Este es motivo suficiente para considerar al teatro como un amigo de los recuerdos.

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